(Fotos: Associated Press)

Satisfacción unánime pero con lecturas diferentes. La resolución contra Corea del Norte aprobada por el Consejo de Seguridad ha dejado tras de sí diversos grados de tranquilidad entre sus vecinos asiáticos. Las reticencias de China y Rusia, principales aliados diplomáticos de Pyongyang, que obligaron a última hora a modificar ciertos aspectos del texto en los que otros países de la región apostaban por castigos más severos, han terminado por ampliar esas diferencias. China, por ejemplo, ha manifestado su alivio por la desaparación de cualquier referencia a una posible opción militar en favor de la “estabilidad de la región” y ha expresado la necesidad de evitar "provocaciones" que puedan alimentar la tensión con el régimen de Kim Jong Il. Una posición compartida por Moscú. Más dura ha sido la respuesta de Tokyo. El primer ministro japonés, Shinzo Abe, ha confirmado que su Gobierno está estudiando sanciones adicionales a las impuestas por la resolución y a las aplicadas anteriormente por el propio Ejecutivo nipón y que asistirá a Estados Unidos en las inspecciones a los barcos norcoreanos, de inicio una exigencia de Washington finalmente dejada a la libre elección de cada uno por el bien de la unanimidad en el voto. Seúl, por su parte, ha calificado como positiva la resolución y considera fundamental que Pyongyang regrese a la mesa de negociaciones a seis bandas. Más allá de condenar la resolución y acusar al Consejo de utilizar "métodos de gangster", el régimen norcoreano ha anunciado haber manifestado ya a Rusia su intención de reanudar esas negociaciones, al tiempo que ha advertido que considerará cualquier medida de presión de Estados Unidos como "una declaración de guerra".