
REPORTAJE
Ser norcoreano en Japón se ha convertido en un estigma estos días. Los ataques, hasta ahora verbales, contra la comunidad residente en el país nipón se han multiplicado desde el anuncio del test nuclear llevado a cabo por Pyongyang a comienzos de semana. Algunas de las 120 escuelas operadas por el grupo Chongryon, una asociación de residentes coreanos en Japón próxima al régimen de Pyongyang, han recibido amenazas por parte de grupos de la derecha ultranacionalista nipona. Llamadas telefónicas amenazantes, correos electrónicos y cartas se han sucedido en los últimos días, pidiendo el cierre de los colegios “si quieren garantizar la seguridad de los niños”. Incluso algunos padres de alumnos de esas escuelas, que accedieron a realizar declaraciones en televisión, han recibido amenazas directas en sus casas en forma de cartas anónimas. Ante la escalada de la tensión, los niños son escoltados desde hace unos días por varios profesores desde un punto de encuentro a la escuela y viceversa. Las autoridades japonesas no se han pronunciado al respecto de momento, aunque este tipo de actos no son nuevos. En el pasado, y dadas las tensas relaciones entre Tokyo y Pyongyang, ya se dieron escenas de este tipo, como la pega de carteles en portales de edificios donde viven ciudadanos del norte con la leyenda “Cuidado, aquí viven norcoreanos”.
El temor de que las protestas pasen de las palabras a los actos tuvo su preludio ayer, cuando un vehículo conducido por un militante ultranacionalista embistió contra la entrada de un edificio de Mitutoyo Corp, en Kawasaki. Cuatro funcionarios de la firma, especializada en la fabricación de instrumental de precisión, fueron detenidos hace tiempo acusados de exportar ilegalmente a Corea del Norte medidores susceptibles de ser utilizados en la producción de armamento nuclear.
La situación no tiene visos de mejorar después de que el recién nombrado Ejecutivo japonés haya aprobado un embargo comercial total contra Pyongyang que se suma a la prohibición de viajar a Japón para los funcionarios norcoreanos durante seis meses y el cierre de todos los puertos nipones a barcos procedentes de Corea del Norte.
Un nuevo paquete de sanciones contra el que Pyongyang ha asegurado que tomará “contramedidas”.
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