(Foto: Associated Press)
Tailandia se enfrenta a una segunda noche en blanco tras el golpe militar del martes. Sin más información que la que la cúpula militar filtra con cuentagotas, el pueblo tailandés vive, pese a todo, con cierta tranquilidad el vigesimocuarto golpe de Estado en 74 años. Quizás por el descontento popular que el depuesto primer ministro Thaksin Shinawatra había acumulado, o por el anuncio hecho por el nuevo liderazgo, que ha asegurado que la situación es temporal, que anunciará el nombre del nuevo primer ministro en dos semanas y que tras una nueva reforma de la Constitución el proceso desembocará en unas nuevas legislativas en octubre del año que viene. De momento el monarca del país, Bhumibol Adulyadej, ya ha dado oficialmente su apoyo al líder golpista, el general Sonthi Boonyarataglin en un comunicado emitido por la televisión estatal, intervenida desde ayer, casi al mismo tiempo que los tanques rodeaban la sede del Gobierno.
Un visto bueno que alimenta los rumores sobre el papel del rey en la crisis, sobre todo tras la declaración de lealtad de los golpistas a la monarquía, manifestada desde el inicio, y la relación de pública amistad entre el jefe de Estado y el cabecilla de la revuelta.
Mientras, el hasta ayer jefe del Gobierno, ha descartado por el momento regresar a Bangkok y según ha confirmado el ministro de Exteriores Británico, se reunirá con su familia en la mansión familiar que posee en Londres, una situación que podría abrir la puerta a la creación, por parte de Shinawatra, de un Ejecutivo en el exilio.
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