El nacimiento, el pasado martes, del primer varón en la familia real japonesa en cuatro décadas parece aparcar por el momento la polémica reforma de la ley de sucesión. El recién nacido, hijo de la princesa Kiko y el príncipe Akishino, hijo menor del emperador Akihito, se sitúa tercero en la línea sucesoria al trono del Crisantemo por detrás de su tío, el príncipe Naruhito y de su propio padre. Un respiro para los más fervientes defensores de la tradición que no ven con buenos ojos la reforma de la ley sálica japonesa hacia la apertura del acceso al trono a las mujeres. Una posibilidad que ha suscitado encendidos debates en los últimos tiempos en la sociedad nipona. La medida se había contemplado como solución a una posible crisis de sucesión ante la falta de hijos varones en la familia real. El todavía primer ministro nipón, Junichiro Koizumi, llegó a afirmar que sometería la reforma a voto en el congreso contra la opinión del ala más conservadora de su partido aunque el anuncio del embarazo de la princesa Kiko le hizo dar marcha atrás el pasado mes de febrero. El actual portavoz del Ejecutivo conservador, Shinzo Abe, más que probable sucesor de Koizumi cuando éste abandone el cargo dentro de un par de semanas, ha recomendado esta mañana “calma y cuidado” en torno a la reanudación del debate sobre la reforma. Mientras, la sociedad japonesa ha acogido con alegría el nacimiento del príncipe, que ocupa las portadas de las ediciones especiales lanzadas por la mayoría de los diarios este miércoles. Una población, la nipona, que en su mayoría se ha declarado favorable a la llegada de una mujer al trono imperial en varias encuestas realizadas en los últimos meses.